Mostrando entradas con la etiqueta Metaforas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Metaforas. Mostrar todas las entradas

miércoles 12 de noviembre de 2008

Hablando de creencias, prejuicios y burros, con perdón (371)

En el día de las creencias erróneas y del piensa lo que quieras, pero haz lo que debas (que al parecer ha sido una "delicia" para Eba), Carme se acordó de mí y de la celebrada historia del burro en la frontera cuando encontró este video que me envió rauda y veloz para compartir unas risas:
Mira qué casualidad. Me han mandado en vídeo la parodia gráfica de la introducción de tu artículo sobre creencias erróneas.
Echa un vistazo de 20 segundos y comprueba la ingeniosa y elaborada forma con la que estos partisanos pudieron cruzar un puesto de control nazi. Buenas noches en este día cansado pero fructífero.

video

¿Quieres ver también las metáforas del burro de la montaña, el burro y la hora, y el burro cantante?

Leer más...

jueves 30 de octubre de 2008

¿Humor psicologico o un psicologo contando chistes? (358)

Hace unos días Rafael Ferro, uno de los psicólogos clínicos más recomendables que conozco y experto en las nuevas psicoterapias conductuales, me envió como integrante de una lista de correo cinco chistes en formato audio, aunque sólo dos de ellos admiten una transcripción escrita que mantenga algo de su gracia original. He querido compartirlos con vosotros (a mis amigos ya se los envié por email con gran aceptación, por cierto) porque tengo una duda: ¿estas historias serán recursos que Rafael utiliza de forma metáforica en el trabajo cotidiano con sus clientes, o simplemente son meros chistes que por ser tan buenos ha decidido enviarlos a sus conocidos para echar unas risas?

Como me consta que el señor Ferro no lee muchos blogs, tampoco éste, realicemos este debate con cariño a espaldas suyas: ¿simples chistes, o recursos con moraleja? Yo no la veo, la verdad, así que lo más probable es que estemos ante un psicólogo contando chistes y no delante de chistes útiles para la psicología. Y es que no todo lo que dicen los orientadores puede considerarse orientación, ni todo lo que cuesta dinero necesariamente vale para algo ;-) ¿Tú qué piensas?

LA DISYUNTIVA
Sale un gitano de un juicio, acompañado por la guardia civil. Y cuando van entrar en el coche, le suena el móvil. Lo coge y pregunta:
- ¿Quién es?
- Manuel, soy tu mujer. ¿Cómo ha ido el juicio?
- ¿El juicio? Me ha dicho el juez, que 7 años de cárcel o 100.000 euros.
Dice la mujer: - Manuel, tu coge el dinero, no seas tonto

EL ROBO DEL COCHE
El cateto que estaba en un juicio, implicado por el robo de un coche. Al final de la sesión le dice el juez: caballero, queda usted absuelto de la acusación del robo del vehículo por falta de pruebas. Y dice el cateto: ¿entonces me puedo quedar con el coche o no?

Leer más...

miércoles 29 de octubre de 2008

La tecnica de extincion de la conducta: no hacer puede ser importante (357)

Vivió una vez un gran guerrero. Aunque muy viejo, aún era capaz de vencer a cualquier contrincante. Su reputación se extendió ampliamente y muchos estudiantes se juntaron para aprender con él. Un día, un joven guerrero llegó al pueblo. Estaba decidido a ser el primer hombre que venciera al gran maestro. Además de su fuerza, tenía una habilidad asombrosa para encontrar y explotar cualquier debilidad en un oponente. Nadie había durado con él en un encuentro más allá de su primer movimiento. En contra de los consejos de sus preocupados estudiantes, el viejo maestro aceptó gustoso el reto del joven guerrero. Cuando ambos estaban listos para la batalla, el joven guerrero empezó a dirigirle insultos al viejo maestro. Tiró tierra y escupió en su cara. Por horas lo agredió verbalmente con todos los insultos conocidos por la humanidad. Pero el viejo guerrero simplemente se mantuvo en pie inmóvil y calmo. Finalmente el joven guerrero se agotó. Reconociendo que estaba vencido se alejó sintiéndose avergonzado. Desilusionados de que el maestro no hubiera peleado con el insolente joven, sus alumnos lo rodearon y le preguntaron. “¿Cómo pudo soportar semejante vileza? ¿Cómo hizo para ahuyentarlo?“Si alguien viene a tí con un regalo y no lo recibes, replicó el maestro: “¿A quién pertenece ese regalo?”
Muchos comportamientos descritos como negativos o perjudiciales se mantienen porque cumplen una función. Es el caso de las quejas, que generalmente reciben mucha atención, se convierten en motivo de conversación, e incluso pueden ser utilizadas como justificación para escapar de nuestras obligaciones. Parece evidente que una de las vías posibles para desactivar su funcionalidad pasa por evitar que tengan ningún tipo de influencia sobre uno mismo y/o sobre los demás. En general, si quieres que una conducta que no te gusta aparezca con menos frecuencia o incluso desaparezca, la técnica de extinción puede resultarte más que útil. Si tu ex, a pesar de "haberle dejado las cosas claras", sigue llamándote, será un error responder; si quieres que aquel niño llorón del artículo que describía a los Reyes Magos como pésimos psicólogos deje de sollozar, tendrás que estar mucho tiempo escuchándole llorar sin hacerle ni p… caso; y si pretendes que el perro del chiringuito deje de deambular por el chiringuito tendrás que asegurarte que ningún cliente NUNCA le ofrezca restos de comida.

La extinción es una técnica infrautilizada porque exige mucha sistematicidad y paciencia por parte de quien la aplica, y sobre todo implica luchar contra la culpabilidad o la mala sensación que tiene uno al ponerla en práctica: cómo no coger el teléfono al pobre de mi ex; cómo no acurrucar a mi niño cuando llora, incluso cuando sé que sus lágrimas son instrumentales; y cómo no alimentar a ese can escuchimizado que me pone ojillos gato-de-Shrek. Pero cuidado, porque la alternativa, aunque es mucho más fácil de aplicar, genera efectos secundarios y mucha más culpabilidad, y encima es mucho menos eficaz: el castigo.

Así que ya sabes, si alguien te critica, te insulta o te apuñala, extínguelo con tu indiferencia. ;-) La extinción conductual está ocurriendo continuamente en nuestra vida personal o profesional, aunque no siempre seamos conscientes. Seguramente que muchas veces la has utilizado de forma expresa, ¿algún ejemplo personal? Tal vez RAIZEN quiera ser la primera en opinar porque suya es la historia-metáfora del guerrero, ¿no? ;-)


Ver las 85 historias o cuentos publicados en Yoriento

Leer más...

martes 23 de septiembre de 2008

El curriculum y la autoestima. La semana de los videos (325)



Vengo, maestro porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no haga nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar, qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo: cuánto lo siento muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizás después. Y haciendo una pausa agregó: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después ayudarte. Encantado, titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
Bien, continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió: toma el caballo y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro.
Ya en el mercado, cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro algunos reían, otros giraban la cara y tan solo un anciano fue lo bastante amable para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro. Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regreso.
Maestro- dijo- lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo. Eso que has dicho es muy importante, joven amigo, contestó sonriente el maestro. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar en tu caballo y ve a ver al joyero.
En la tienda del joyero, éste le comentó: Dile al maestro, muchacho que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.
Tú eres como el anillo, una joya valiosa y única, le dijo el maestro. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
El valor del anillo es un relato que he publicado en otra versión de la que le leí a Julen.

Este tipo de recursos se suponen que le suben a uno "la autoestima", ¿no? Uno ve el vídeo y lee el cuento y se le pone la carne de gallina de buen rollo energizante, al menos durante unos minutos. Es como aquel anuncio que nos hacía valorar el tiempo y que aprovechamos para diferenciar entre ánimo y motivación. Digamos entonces, para continuar la conversación en la misma onda, que podemos considerar la "autoestima", un término muy popular, como un estado emocional que hace más probable que te embarques, por ejemplo, en proyectos que tienen cierta dificultad para ti, o que inicies actividades que te costaría realizar o emprender con normalidad, por ejemplo, tirarle los tejos a alguien, plantarle cara a tu jefe, o llamar por teléfono a un conocido para pedirle información o algún tipo de ayuda para encontrar empleo.

Siguiendo con el tema de buscar empleo, que tratamos mucho por aquí, es más probable que uno se anime a llamar a la puerta fría de las empresas si tiene más o menos preparado un guión muy concreto o alguna técnica, y si siente ciertas emociones positivas (o al menos no las tiene demasiado negativas, del estilo de la ansiedad). Supongamos que un joven candidato a aprendiz de albañil se dirige a una obra a solicitar empleo. El tío va emocionado porque sus familiares le han dicho que vale mucho, y en su vida cotidiana tampoco le va mal, por lo que se siente tranquilo y confiado en sus posibilidades. Así que lo intenta, y lo intenta, y lo intenta.

Tras muchos fracasos, o quizás después de sólo unos cuantos, o de sólo uno (depende de cada caso), es más que probable que no insista y que su "autoestima" baje, es decir, que se sienta con mal rollo, y empiece a pensar y a decir que hay pocas posibilidades de encontrar empleo, y que la cosa está muy mala para él, y cosas por el estilo. Y que deje de buscar. Imagínate que eres un experto asesor y tienes a este chico delante. Tu diagnóstico es claro: tiene la autoestima baja, hay que subírsela. Normalmente con charlas animadoras, ánimos charladores y con recursos similares: vamos, que tú puedes.

Pero, ¿esa baja autoestima es la consecuencia o la causa de sus fracasos en la búsqueda? ¿No sería más efectivo facilitar o ayudar a que esta persona supere sus obstáculos, y la autoestima ya vendrá sola?

Queda inaugurado la madre de todos los debates. :-)

Leer más...

viernes 19 de septiembre de 2008

CAMBIOS. La semana de los videos (323)

Hasta el momento, hemos tratado directa o indirectamente en 25 artículos el inevitable tema del cambio, generalmente con un sentido crítico alrededor de la sobrevaloración y sobreuso que hacemos de esta palabra ya que pocas veces una vida buena requiere una vida nueva, y menos veces aún los cambios necesitan ser radicales. Incluso podría decirse que el mejor indicador de que algo está realmente cambiando tiene más que ver con la paciencia y el autocontrol que con la inmediatez y la ansiedad: “Si no consigues lo que anhelas, no desesperes, quizás sólo estés echando raíces” es la moraleja que nos transmitió la metáfora zen del bambú.

En fin, que “intentar vivir más” puede tener más que ver con esos minúsculos gestos cotidianos que nos pueden llevar a vivir de otra forma, planificados o no, pero casi sin darnos cuenta. Hasta las propuestas para mejorar la carrera profesional se basan más en experimentar, en observar y en tomar perspectiva, que en provocar-se grandes vuelcos. Eso sí, las pequeños modificaciones que no tocan estructuras ni funciones, y que no duran lo que deben, suelen quedarse en simbólicos, con un regusto de frustración. Como en este vídeo, uno de los que más utilizo, cuya inclusión en Yoriento he retrasado porque me daba pena marcarlo como “publicado”, un claro síntoma de que empiezo a padecer el síndrome de Diógenes versión consultores o blogueros.

¿Te has salido alguna vez de la fila para volver a ella resignado? Yo sí, como el protagonista de este gran corto de animación, Changes, de Daniel Martínez, pero las confidencias sólo las haré en comentarios. Nos vemos allí. (Y, por cierto, queda inaugurada una semana de vídeos de primera, y ya hay unos 80 por aquí)

Leer más...

martes 16 de septiembre de 2008

Buscar empleo, y seguir buscando: la metafora del aparcamiento (321)

Imagina que vuelves a tu ciudad tras un largo viaje en coche. Se te ha hecho de noche y estás rumiando que seguro te será difícil encontrar aparcamiento en tu barrio a estas horas. Por fin sales de la autovía y pones rumbo a la zona donde vives. De reojo, vez luz arriba en tu casa, seguro que te están esperando con algún plato calentito para cenar. Además, mañana es fiesta local y no tendrás que madrugar. Hum, ¡que ganas de llegar! Inicias la rutina habitual buscando el ansiado sitio para tu coche. Has dado ya la primera vuelta a la manzana y nada, y la cosa no tiene buena pinta. Y así una y otra vez. Tras 10 minutos empiezas a ponerte nervioso. Otras veces te ha pasado lo mismo, es normal, pero es que hoy estás especialmente cansado y ansioso por aparcar, ¡por qué tenía que pasar hoy! Cambias la ruta y conduces por otras calles a ver si hay suerte, y sigues dando vueltas. Muchos coches están estacionados en doble fila, pero tú no estarías tranquilo si hicieras lo mismo. Cuando ya ha pasado media hora sin encontrar aparcamiento, detienes el vehículo y pegas un manotazo de rabia al volante. ¡¿A qué dejo el coche en mitad de esta calle y que se joda?!, exclamas con desesperación. ¡¿Qué hago?, parece imposible aparcar esta noche¡
Es en este momento de la historia cuando hago una “pausa” y me dirijo directamente a la persona que está sentada frente a mí solicitando consejo, generalmente para buscar empleo: "Entonces, dime, ¿qué has decidido hacer? ¿Vas a dejar el coche en la vía pública, o vas a seguir intentándolo hasta que lo aparques?"
¿Cuál crees que es la respuesta que dan todas y cada una de las personas a las que les he contado este relato?

Hace unos días hablamos sobre lo importante que es hacer lo que uno tiene que hacer, aunque las dudas y las malas emociones siempre intenten hacernos desistir o abandonar. Pero, ¿qué pasa si uno ya lleva bastante tiempo “haciendo los deberes”, cuando está aplicando las mejores técnicas de búsqueda de empleo según su caso con tenacidad y sistematicidad, y los resultados no llegan? Muchos “clientes” de los servicios de orientación profesional cumplen con las actividades previstas en su plan de búsqueda y pueden llevar incluso meses haciéndolo sin aparentes avances. Es habitual por tanto que se muestren quejosos y desanimados: "¿no estoy haciendo ya todo lo que puedo? Creo que no merece la pena, tal vez debería dejar de buscar y pensar en otra cosa." En estos momentos del asesoramiento es cuando tiene sentido "ponerse a aparcar":
-Bueno, entonces dime, ¿qué has decidido hacer? ¿Vas a dejar el coche en la vía pública, o vas a seguir intentado aparcar?
-Hombre, como voy a dejar el coche así, habrá que seguir hasta que logre aparcarlo, no queda otra. Esto del aparcamiento me lo has contado para decirme que tengo que seguir buscando, ¿no?
- No sé, ¿tú que crees, debes seguir insistiendo, o lo dejamos aquí?
-En fin, creo que habrá que dar algunas vueltas más, ¿no?
Durante los añitos que pasé en Madrid, las dificultades que tenía para aparcar en Cuatro Caminos me inspiraron esta herramienta para una "metodología de la insistencia". Es lo que tienen las metáforas (unas 70 hay ahora en el blog), que te evitan dar consejos obvios y utilizar frases convencionales de ánimo, y facilitan que sean las personas las que tomen perspectiva, comprendan la situación y confirmen las decisiones que ya tomaron. Muchas personas ya hacemos lo que tenemos que hacer para intentar alcanzar lo que queremos, pero muchas veces simplemente se trata de insistir, no de cambiar. Así que, recuerda, si eres una rana y ya estás en el buche de un pelícano, insiste, a ver qué pasa, no tienes mucho que perder.

Leer más...

viernes 5 de septiembre de 2008

Chiste-metafora en la aduana: ¿Cuál es tu moraleja? (311)

Un hombre cruza la frontera en un burro. Le registran para asegurarse de que no lleva contrabando y luego le dejan marchar. Durante dos años el hombre cruza cada día la frontera montado en burro mientras los guardias, cada día más recelosos, siempre le dejan marchar. Años después, un guardia retirado reconoce paseando por la calle a ese hombre que tanto tiempo pasó por la frontera. Le saluda amablemente y le dice:

-Los dos sabemos que pasaba usted contrabando, ¿qué era? Dígamelo, por favor.
-Burros, responde con tranquilidad.


Foto vista en Gran Angular

Leer más...

martes 2 de septiembre de 2008

¿La mejor metafora para buscar empleo?: Historia del leñador tenaz (308)

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel. El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles. -Te felicito, le dijo el capataz. Sigue así. Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano. A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles. -Debo estar cansado, pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol. Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol. Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento. El capataz le preguntó: -¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?. -Afilar, no he tenido tiempo para afilar. He estado demasiado ocupado talando árboles.
Posiblemente el cuento del leñador sea la técnica o recurso metafórico que he utilizado con más frecuencia en mi vida profesional, y creo que es una de las herramientas que tiene más impacto cuando se trata de hacer ver que no sólo basta con intentarlo, hay que “intentarlo bien”. Me he decidido a publicarla ahora porque Félix me la ha recordado con otra versión que ha recogido recientemente en su blog. No basta con intentarlo, no es suficiente definir lo que quieres conseguir y empeñarse en ello ni siquiera con dedicación, esfuerzo y sistematicidad. Es necesario intentarlo bien, con las herramientas adecuadas y puestas a punto para cada acción o reto y comprobando de forma frecuente si realmente están funcionando, si nos están despejando el camino y acercando a nuestros objetivos.

Tras escuchar la historia del amigo leñador la mayoría de mis “clientes” solían quedarse un tanto pensativos, aparentemente intentando descubrir el motivo por el que les conté la metáfora. Tras unos segundos muchos de ellos/as decían espontáneamente:

-Me estás diciendo que no tengo el hacha muy afilada y por eso no encuentro empleo, ¿no?
-Yo no he afirmado nada, sólo te he contado una historia, ¿tú qué opinas?, solía responder.

Para calibrar nuestros instrumentos, para evaluar si lo que hacemos lo estamos haciendo de la mejor forma necesitamos información y de la buena, no basta con hipótesis, suposiciones y buenas intenciones.
En orientación y coaching "ayudar a afilar" es ayudar a obtener feedback. Sólo el propio seleccionador de personal que ha recibido y valorado tu curriculum puede decirte de primera mano qué impresión le causó y qué aspectos mejoraría desde su punto de vista. Y tras pasar por una entrevista de trabajo el recurso más valioso que podrías obtener para continuar tu búsqueda de empleo es el consejo del propio entrevistador/a, sobre todo en el caso de no haber superado finalmente el proceso de selección. ¿Te imaginas llamándole o comentando en persona para solicitar su análisis y recomendación “experta” a toro pasado?

Estos serían feedbacks muy valiosos pero, por supuesto, tenemos muchas otras alternativas más sencillas para perfeccionar y aplicar nuestras técnicas de búsqueda. Seguro que se te ocurre alguna, a menos que estés muy liado intentado cortar troncos. :-) Cuando buscas empleo, ¿cómo sueles afilar tu hacha?

Más metáforas con enjundia
Metáfora del boxeador
Metáfora del pianista
Metáfora de las piedras
Metáfora del autobús
Metáfora del pastor y el científico
Metáfora de la jirafa y el árbol
Metáfora del plantador de dátiles
Metáfora del ratoncito

Todas la metáforas de Yoriento

Y la viñeta, de Alberto Montt

Leer más...

viernes 22 de agosto de 2008

Ansiedad. Una imagen, una palabra (VII)


Se admiten más palabras...

Leer más...

jueves 21 de agosto de 2008

Generalizacion. Una imagen, una palabra (VI)


Se admiten más palabras...

Leer más...

miércoles 20 de agosto de 2008

Eficacia. Una imagen, una palabra (V)


Se admiten más palabras...

Leer más...

martes 19 de agosto de 2008

Utilidad. Una imagen, una palabra (IV)


Se admiten más palabras...

Leer más...

lunes 18 de agosto de 2008

Comunicacion. Una imagen, una palabra (III)


Se admiten más palabras...

Leer más...

domingo 17 de agosto de 2008

Contradiccion. Una imagen, una palabra (II)


Se admiten más palabras...

Leer más...

sábado 16 de agosto de 2008

Paradoja. Una imagen, una palabra (I)


Se admiten más palabras...

Leer más...

martes 12 de agosto de 2008

El chiste-metafora del traje: a ver qué partido le sacamos (286)

Un hombre se está probando un traje hecho a medida y le dice al sastre:
- ¡Hay que meter la tela de esta manga! ¡Es cinco centímetros demasiado larga!
- No, mire, si dobla el codo, le queda perfecta –dice el sastre.
- Ya, bueno… -continúa el hombre-. ¡Pero fíjese en el cuello! Cuando doblo el codo, el cuello se va para atrás.
- ¿Y qué –insiste el sastre-. Levante la cabeza y échela para atrás. Perfecto.
- Pero ¡es que ahora el hombro izquierdo está tres centímetros más abajo que el derecho!
- Ningún problema. Dóblese por la cintura hacia la izquierda y verá cómo se le recompone.
El hombre se marcha de la sastrería con el traje puesto, el codo doblado, la cabeza erguida y echada para atrás e inclinado hacia la izquierda. Sus andares se convierten en una especie de bamboleo espástico.
En una esquina se cruza con dos transeúntes.
-Mira, un tullido –dice el primero-. ¡Pobre hombre, qué pena!
- ¡Sí, pero su sastre debe ser un genio! –responde el segundo. El traje le sienta de maravilla.

Como en muchas otras ocasiones, la pregunta es obligada: ¿cuál es la moraleja o la enseñanza que se te ocurre? Ya sabes, cuanto más cotidiana, mejor. A esta pregunta ya han respondido muchos de los acodados en la barra de El Café de Ocata¡ Eso si, con un claro deje filosófico. ;-)

Leer más...

jueves 7 de agosto de 2008

Decisiones y metaforas (281)

Daniel me cuenta que la metáfora de las piedras en el frasco, esa cuya conclusión te invita a centrarte y dedicar más tiempo y energía a lo más grande e importante (es ésa, ¿no?), le ha hecho ver algunas cosas claras en su vida profesional. Las historias o consejos con moraleja suelen tener la virtud de activar preguntas y establecer paralelismos sobre problemas y situaciones propias, y sobre posibles alternativas y “escenarios de salida”. Y aunque las metáforas pueden ser confusas o polisémicas, como el chiste del pastor y el científico (aunque cuáles no lo son), o realmente absurdas y sobreactuadamente zen como algunas que se manejan en consultoría, lo importante no son tanto las respuestas que nos ofrecen como el modelo que prestan para enfocar un problema en particular o el impulso que ejercen para emprender un nuevo camino.

En resumen, no sé si mi amigo Daniel ha tomado decisiones razonables gracias a ese relato pero lo determinante es que las ha tomado y se ha puesto en marcha. Ya tiene un modelo que ir evaluando. Sobre el proceso de toma de decisiones (ver 30 artículos relacionados) se escribe mucho y generalmente todo bastante razonable, pero tengo la impresión de que pocas veces se aterriza y se aplican esas elucubraciones sobre la vida cotidiana. Leo en el blog de Juan Carlos Cubeiro siete reglas básicas para tomar mejores decisiones, que a su vez él ha leido de Daniel Kahneman, consejos que me han resultado prácticos, “conductuales” y fáciles de seguir (y evaluar) aunque más que sobre elecciones algunos se refieren a estilos de vida y asuntos existenciales. A mi me gusta la número seis, en línea con la frase eslogan de este blog. ¿Cuál es la tuya?

1. Evita pérdidas de tiempo con un marco a prueba de errores: Kahneman define “marco heurístico” como una serie de principios que te ayudan a tomar decisiones cotidianas, como comprar el segundo equipamiento técnico más caro o elegir el tercer vino más barato de la carta. El propio investigador “siempre se sirve la comida en platos pequeños y nunca pone productos de alto contenido calórico en la nevera a la altura de los ojos” (Continua…)


2. Toma una perspectiva externa para las grandes decisiones vitales: Nuestro cerebro tiene dos modelos mentales para analizar la realidad. El primero o interno es intuitivo, rápido, muy emocional. Por ello, para las decisiones importantes, es mejor tomar el segundo, el lógico y racional. Son las “lentes externas”. Se trata de analizar prioridades y puntuarlas despasionadamente.

3. Decide emplear tu tiempo y tu dinero en cosas inusuales: “Cómo decides gastar tu dinero afecta a tu felicidad más que el dinero que tienes”, nos enseña Kahneman. Las investigaciones demuestran que las personas obtienen más placer de cosas que no han hecho que de comprar más de lo mismo. Por tanto, mejor invertir en experiencias que en objetos.

4. No dejes que una mala experiencia nuble tu juicio: Una mala situación influye mucho en las siguientes decisiones, cuando es muy poco probable que se repita de nuevo inmediatamente.

5. Elige rápido tus productos de consumo: Los estudios demuestran que cuando uno elige rápida e intuitivamente sus compras de gran consumo es más feliz que si las medita mucho. Kahneman tiene muy claro que en esos caso hay que utilizar el instinto.

6. Date cuenta de lo poco que sabes y tómatelo con calma: Lo más importante de la ciencia de las decisiones es lo poco que sabemos sobre las circunstancias que rodean a cada acto.

7. Debemos aprender a querer las decisiones que hemos tomado: En las decisiones de poco valor, no vale la pena lamentarse de las decisiones que hemos tomado, sino adaptarnos, aprender y crecer.

Leer más...

sábado 26 de julio de 2008

Castigo y evitacion mueven el mundo: es lo más economico (272)

Librarse de un castigo puede consistir en hacer lo correcto. Aunque a veces puedes librarte pagando. Como la historia del hijo clavador-desclavador ha generado muchos y buenos comentarios he pensado que lo suyo es dedicarle un articulito. Como habéis percibido últimamente escribo menos, pero quiero aclarar que no hay razones amorosas, laborales o de ánimo implicadas. Simplemente escribo menos porque hago otras cosas. No es una explicación propia de la psicología de la buena, lo sé, pero no siempre hay que estar analizándolo todo, mejor dedicarse sólo a lo importante, ¿no? Generalmente no echo de menos eso de elucubrar artículos, pero perder el contacto con vosotros/as es menos agradable. Bueno, si os parece vamos con la familia ferretera. Creo que cualquier actividad que hacemos con un fin concreto no deja de ser una técnica. Seamos o no conscientes, nuestra vida diaria es una aplicación sucesiva de técnicas psicológicas, por nuestra parte y por parte de los que nos rodean, y es que la psicología de forma general no es más que el estudio y la modificación de la conducta, incluyendo la verbal. Entonces, ¿hay algunas técnicas pululando por esta historia? Veamos (…)

1) Yo entiendo que obligarse a clavar tras cada muestra de impaciencia podria considerarse un castigo autoimpuesto que tiene como objetivo reducir esa impaciencia. Otra cosa es que la intensidad del castigo sea moderada o que realmente sus efectos sean negativos. Lo que supone un castigo para una persona puede ser algo neutral para otra, o incluso agradable.
2) Por otro lado, en este contexto, retirar los clavos es una especie de satisfacción por "reforzamiento negativo", es decir, darse el gusto de quitar el clavo refuerza o hace más probable la conducta de autocontrolarse, no? Es el mismo sistema que poner monedas en una hucha cada vez que se enciende un cigarro, en el caso de que la intención sea dejar de fumar (un castigo tipo coste de respuesta), y recuperarlas en función del tiempo de abstinencia.
3) Por último, el padre intenta que su hijo verbalice y asocie los momentos de impaciencia a ciertas consecuencias negativas que debería intentar evitar. Le está transmitiendo una regla verbal del estilo "si no quieres sentirte luego mal durante mucho tiempo mejor que hagas lo correcto." No dejaría de ser otra especie de reforzamiento negativo, hacer lo adecuado para evitar el castigo de sentirse mal. Tiene que ver con la culpabilidad.

En fin, ya sabéis que gran parte de la educación que recibimos y que damos está basada en el castigo y la crítica, es algo que hacemos con naturalidad y cierta soltura. ¿Por qué se aplica el castigo con tanta frecuencia y en tantas situaciones? Hay que recordar que usar el castigo es mucho más fácil e implica efectos a corto plazo, aunque por supuesto, sus efectos secundarios son numerosos, seguro que se os ocurren algunos. Hacer que los católicos se comporten de forma cristiana recordándoles la existencia del infierno y generando sentimientos de culpa es mucho más rápido y económico que educar aplicando consecuencias positivas a los comportamientos adecuados, qué os voy a contar que no sepáis. Reprender al niño que "no quiere" aprender lo puede hacer cualquiera. Otra cosa es trabajar con él para que disfrute aprendiendo. ¿Os suena eso de criticar y hacer responsable al empleado que no trabaja “lo suficiente” o tan bien como debiera, pero sin cambiar el contexto y sin ofrecer la motivación y las herramientas de mejora necesarias? En los dos artículos de historia de una mentira hablamos mucho del castigo, así que no quiero castigaros insistiendo en el tema.

Gracias a todos/as los que habéis dejado vuestro comentario en el artículo anterior.

Por ejemplo, Alfredus, el más madrugador, dice que utilizará la historia algún día. Ya nos cuentas con qué fin.

Desorientá
, que también ha estado de vacaciones blogueras, como yo, va al grano y se pregunta si de verdad se puede enseñar paciencia a un niño. Yo creo que sí, otra cosa es que se tenga la paciencia (y la técnica) para hacerlo. Me alegra leerte por aquí, espero que estés recuperada.

Emilcavan
entra en debate con Desorientá y recomienda usar la regla:”las cosas importantes llegan despacio.” Yo añadiría, si me lo permites, que sea cual sea la velocidad a la que lleguen las cosas lo que nos hace más libres y más felices es no necesitarlas demasiado. Y si además aprendemos a no esperarlas con impaciencia, miel sobre hojuelas (¿por qué se dirá esta frase?).

Senior Manager comenta que este tipo de castigos simbólicos no sería muy funcional para los hijos en estos días, les importaría o afectaría más bien poco. Y este aspecto me parece interesante porque en demasiadas ocasiones creemos estar castigando o recriminando el comportamiento de una persona cuando lo que hacemos es, incluso, reforzarlo. También ocurre lo contrario, que intentamos incrementar la motivación utilizando elementos que realmente influyen muy poco. Si es que de motivación casi no hablamos por aquí, no...

Aunque Kurt no comenta el artículo en cuestión, se agradece su visita y su reconocimiento.

Lusita
, a la que también hace tiempo que no veía, subraya la importancia precisamente de establecer consecuencias negativas a nuetros actos, que nadie se vaya de rositas, también llamado asumir la responsabilidad. Es un tema controvertido pero estoy de acuerdo en ser sistemático a la hora de aplicar determinadas reprimendas, si realmente queremos que funcionen debemos hacerlo bien. Si criticamos la irresponsabilidad de los velocistas de carretera, ¿cómo podemos estar en desacuerdo con una politica de implatanción de radares indetectables?

L´Anika
, reciente comentarista pero de gran calidad, cita “Ética a Nicomaco”, de Aristóteles: "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo". Y pone la guinda con un “análisis funcional de los enfados”: si a mi hijo enfadarse no le sirve de nada, dejará de enfadarse. ¿Qué más puedo añadir?

Raizen afirma “es más fácil enseñar a masticar antes de tragar. Para aprender a ser paciente se necesita mucho poder.” Aprender autocontrol no es tan difícil, pero si de lo más difícil. Raizen, ¿has abierto otro blog? No paras...

Magda opina que las lecciones de los hijos son también para los padres… La frase es algo genérica por lo que tiene varias interpretaciones. Lo que si aseguro es que “si tú lees, ellos leen”, y si tú tienes paciencia, ellos también la tienen. Magda, gracias por pasarte.

Carlos Martí ha hecho un ranking en el que Yoriento sale bien parado. ¿Cómo no darle las gracias públicamente? ;-)

Alycie cree que esta metáfora tiene algo de “realismo mágico”. Y es verdad que a este tipo de “metáforas sabias” les atribuimos un cierto poder para el cambio de la conducta de los demás. Y no sé yo…

José Luis del Campo se alinea con Senior Manager en eso de que el castigo no es tal a menos que afecte de verdad. Y duda de que esto sea una técnica “psicológica”. Ah, pero no entraré en ese debate, no, que me pierdo.

Carmen Jasanda
visita el blog por primera vez gracias a Carlos. Cuánto bien está haciendo este hombre por Yoriento¡ Bienvenida, Carmen.

Y Marietta, que me recuerda que estoy hecho un vago bloguero, aunque ella está de vacaciones, eso sí. Gracias por interesarte, amiga.

Leer más...

sábado 21 de junio de 2008

Ferreteria de la conducta: ¿fue el padre un buen “psicologo”? (271)

Esta es la historia de un muchacho que tenía muy mal carácter (que encontré en Recursos y Humanos). Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia debía de clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta y descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos que retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos agujeros en la puerta, nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves."

¿Cuál crees que es la técnica o técnicas educativas o psicológicas que el padre está empleando aquí?
¿En el vídeo se aplica una técnica parecida? ¿Cambiarías algo de lo que hizo el papá? En fin, a mí me ha recordado a Historia de una mentira. Ya sabes, cualquier opinión cuenta, no importan las palabras que utilices.

Leer más...

domingo 15 de junio de 2008

Intentarlo, la mejor forma de no continuar (268)

Olavo Bilac, poeta brasileño nacido en Río de Janeiro, se encontró cierto día por la calle a un amigo suyo dueño de un pequeño negocio que le dijo: “Señor Bilac, quiero vender mi casa, que usted conoce tan bien. ¿Me podría redactar una nota para el periódico?” Olavo Bilac tomó lápiz y papel y escribió: “Se vende una encantadora propiedad en la que cantan los pájaros al amanecer en las extensas arboledas que la rodean. La casa está bañada por el sol naciente y ofrece la sombra tranquila de las tardes en el balcón. Está rodeada por las cristalinas aguas de un hermoso riachuelo y todo es paz en su entorno”. Algunos meses después, el poeta se encontró con el comerciante y le preguntó si ya había vendido su casa. "No volví a pensar en ello", dijo el hombre. "Después de leer varias veces su nota en el periódico me di cuenta de la maravillosa casa en la que vivía."
A mí la historia me suena también a pingüinos que dejan de soñar con el Polo Sur cuanto más se acercan. Pues eso, no hay nada como aproximarse o probar lo suficiente lo que uno supuestamente quiere, o a alejarse de lo que en teoría no quiere, para empezar a relativizar los deseos, o no. En fin, como casi siempre, esta es una historia multimoraleja para la cual seguro que tienes otra interpretación, si lo sabré yo. Por cierto, la anérdota la encontré en un adarve del sur.

Leer más...