Un hombre se está probando un traje hecho a medida y le dice al sastre:
- ¡Hay que meter la tela de esta manga! ¡Es cinco centímetros demasiado larga!
- No, mire, si dobla el codo, le queda perfecta –dice el sastre.
- Ya, bueno… -continúa el hombre-. ¡Pero fíjese en el cuello! Cuando doblo el codo, el cuello se va para atrás.
- ¿Y qué –insiste el sastre-. Levante la cabeza y échela para atrás. Perfecto.
- Pero ¡es que ahora el hombro izquierdo está tres centímetros más abajo que el derecho!
- Ningún problema. Dóblese por la cintura hacia la izquierda y verá cómo se le recompone.
El hombre se marcha de la sastrería con el traje puesto, el codo doblado, la cabeza erguida y echada para atrás e inclinado hacia la izquierda. Sus andares se convierten en una especie de bamboleo espástico.
En una esquina se cruza con dos transeúntes.
-Mira, un tullido –dice el primero-. ¡Pobre hombre, qué pena!
- ¡Sí, pero su sastre debe ser un genio! –responde el segundo. El traje le sienta de maravilla.
Como en muchas otras ocasiones, la pregunta es obligada: ¿cuál es la moraleja o la enseñanza que se te ocurre? Ya sabes, cuanto más cotidiana, mejor. A esta pregunta ya han respondido muchos de los acodados en la barra de El Café de Ocata¡ Eso si, con un claro deje filosófico. ;-)
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